Allá por 1982, Gabriel García Márquez publicó su reconocida novela El amor en los tiempos del cólera.  En ella se relata la insólita historia de un amor que, a pesar de la aciaga realidad, fluye de mil maneras siempre sorprendente.

Ahora en estos tiempos del Covid-19 nos preguntamos qué causa todo esto, cómo vamos a salir de esta situación, cómo vamos a vivir…  Durante las semanas de confinamiento hemos escuchado, en entrevistas y ruedas de prensa, a los dirigentes políticos y sanitarios nacionales afirmar que tenemos el deber de “salir todos juntos, sin distinción de ningún tipo, sin dejar a nadie atrás” independientemente de la nacionalidad, el color de la piel, la religión o su estrato social… Lamentablemente, no han faltado voces en el ámbito mundial, e incluso a nivel local, que vienen a decir algo así como ‘los míos los primeros, los demás que se apañen’.

Buscando respuestas a toda esta tragedia humana que vivimos, se nos plantea la exigencia de prestar atención, primordialmente, a los más pobres y vulnerables. En medio de esta pandemia que afecta a la humanidad es necesario promover condiciones de vida a favor de los ciudadanos y ser capaces de responder a las necesidades de todas las personas en los desiguales entornos en los que viven en nuestro planeta. Si algo nos ha mostrado esta experiencia es la certeza de sentirnos en una única barca, de compartir toda la humanidad un único destino, de la hermosura y responsabilidad que significa la interdependencia. Además, tampoco podemos ignorar que vivimos en una emergencia global profunda, en la que se ha puesto en riesgo el medio ambiente y las condiciones de vida en el planeta se encuentran en situación precaria no por un virus, sino por nuestros estilos de vida: producción, consumo, generación de energía,  contaminación… Los países desarrollados son, en buena parte, causantes de la pobreza y falta de oportunidades en los pueblos empobrecidos, a los que se desposee de recursos naturales, se les aplican medidas neoliberales privatizadoras de la educación, el agua…, y se sustentan conflictos armados.

Así, las cosas, es preciso dejar que brote ese amor sorprendente de García Márquez o, si deseamos expresarlo con palabras de la escritora nicaragüense Gioconda Belli, “la solidaridad como ternura de los pueblos” que es la manifestación más pura de la dimensión humana. Una dimensión que, en las relaciones internacionales, se ve opacada por las dimensiones política y económica. El momento presente nos interpela como sociedad y nos debe mover a cultivar la solidaridad más allá de nuestras fronteras.

Decir ternura es decir compasión, empatía, esperanza, futuro, vida; es colmar de calor y de amor a quien se siente frágil y desvalido. Compartir generosamente las necesidades fundamentales de la vida,  es el sentido de la ternura y el espacio donde se funde con la solidaridad. Pero es necesaria una ternura que no se reduzca a las cosas, sino que alcance integralmente al ser humano, a la vida de los pueblos.

Es en esta clave solidaria de los pueblos en la que se inserta la Cooperación internacional para el Desarrollo en favor de los más pobres y vulnerables del planeta. La Cooperación internacional era necesaria antes de la pandemia, es necesaria ahora durante la pandemia y seguirá siendo necesaria, aún más si cabe, en la postpandemia pues corre un grave peligro la capacidad de numerosos países para enfrentar esta situación, dejando al descubierto el modelo de desarrollo, azotando de una forma más profunda y dolorosa a los países y colectivos más vulnerables. Muchos derechos humanos se están viendo menoscabados. Numerosos países afectados disponen de sistemas de salud débiles que no aseguran el derecho a la salud de manera universal debido a las grandes desigualdades existentes.  

América Latina ya era la región más desigual del mundo; en África la gran preocupación ahora es cómo puede afectar la pandemia a la situación de hambruna, desnutrición, malnutrición y desatención de las otras grandes enfermedades que aquejan a la población más vulnerable. En Asia, Oriente Medio y Europa existen varios campos de refugiados en los que millones de personas viven hacinadas y donde los servicios y medidas higiénicas son prácticamente inexistentes.

Son momentos de poner la atención en los países más pobres y en desarrollo, donde la propagación de la pandemia podría tener consecuencias catastróficas más graves que las que podemos sufrir nosotros. Es fundamental que la ayuda internacional no se detenga pues los países pobres están más indefensos y necesitan la solidaridad global.

En este contexto es preciso manifestar claramente que las ONGs del ámbito de la Cooperación no se financian con subvenciones públicas para el Desarrollo: dichas subvenciones van destinadas a proyectos de cooperación que se ejecutan en países empobrecidos. Los proyectos de cooperación pueden recibir como máximo un 80% del coste total del mismo; el resto, sea el 20, el 30 o el 40 por ciento, lo tiene que aportar la ONG respectiva (lo que hace con sus fondos propios procedentes de donantes o de diferentes actividades culturales). Es cierto que, de la subvención  recibida, puede destinar un 8% para gastos de funcionamiento relativos al proyecto para garantizar una adecuada y transparente ejecución del mismo: gestión, seguimiento, justificación…

En el caso de Cáritas de Burgos, durante el año 2019 se han cofinanciado ocho proyectos de cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria -dos en Mozambique y uno en Senegal, Venezuela, Bolivia, Perú, Ecuador e India-. Ello ha supuesto un monto total de 334.076 euros, de los cuales el 38% de los fondos proceden de administraciones públicas y el 62% son fondos propios de Cáritas Burgos y Cáritas Española. En las actuales circunstancias Cáritas sigue recibiendo solicitudes de ayuda (Ecuador, Bolivia) a las que también da respuesta con sus fondos propios. En ese sentido, y no por ello menos importante, es necesario resaltar y agradecer el bien hacer de la comunidad burgalesa y de su Ayuntamiento, a nivel institucional, en el ámbito de la ternura de los pueblos por ser un modélico ejemplo de solidaridad en cooperación para el desarrollo.

Por tanto, es preciso que, en la postpandemia como dijo el Papa Francisco en su día, “el Covid-19 también debe sacar lo mejor de nosotros. Debe sacar nuestra humanidad, porque todos somos seres humanos y debemos vivir en solidaridad como una sola comunidad humana”.

 

“Yo te decía que la solidaridad

es la ternura de los pueblos.

Te lo decía después del triunfo,

después que pasamos los tiempos duros de batallas y llantos;

ahora mientras recuerdo cosas que pasaron allá afuera,

cuando todo era soñar y soñar, despiertos y dormidos,

sin cansarnos nunca de ponerle argamasa al sueño

hasta que dejó de serlo…

y pensamos en todo lo que nos tocó vivir

y era como un gran rompecabezas de rabias y fuego

y sangre y esperanza…”

Gioconda Belli

 

Carlos López Ahedo

Cooperación Internacional al Desarrollo

Cáritas diocesana de Burgos

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Share This