Todos nos hemos visto afectados muy directamente por la crisis sanitaria: nuestros hábitos diarios, nuestras relaciones, nuestro quehacer… Para todos ha resultado difícil pero, si cabe, especialmente para las personas migrantes que viven entre nosotros en una situación de especial precariedad. Ciertamente el colectivo de la migración no es homogéneo, ni mucho menos. Las personas que acompañamos desde Cáritas Burgos suelen ser las que viven en una situación de mayor precariedad y vulnerabilidad. Por eso, en nuestros seguimientos con ellos nos han manifestado:

-Preocupación por sus familiares, especialmente por los que se encuentran en sus países de origen (la mayoría proceden de países con mucha pobreza, desigualdad y con falta de garantía de derechos como la salud, el agua o la vivienda). Además, algunas personas residentes en nuestro país viajaron a visitar familiares o a hacer gestiones a su país de origen y no han podido volver, con lo que supone la compra de un nuevo billete…

-Soledad y falta de red social, especialmente las personas que llevan poco tiempo entre nosotros. Junto a ello, los problemas de idioma, de información sobre lo que pasa…

            -Dificultades residenciales: los escasos o nulos recursos económicos hace que, en muchos casos, vivan en viviendas compartidas, en habitaciones, en infraviviendas con hacinamiento… donde es difícil mantener distancias de seguridad y ha hecho más duro el confinamiento.

            -Brecha digital: la escasez de recursos económicos conlleva precariedad en los equipos informáticos y de acceso a internet, por lo que las niñas y niños de muchas familias tienen serias dificultades para hacer los trabajos del cole. En estos casos nos hemos coordinado con el Programa de Infancia, las trabajadoras sociales de educación, tutores y profesores para intentar poner remedio… Esta brecha afecta también a los adultos que se ven obligados a tramitaciones digitales de la documentación oficial.

-Dificultades económicas: la situación en la que viven de enorme dependencia de trabajos precarios, en la economía sumergida o en sectores muy afectados por la crisis sanitaria, ha multiplicado acciones dirigidas al acceso a ayudas y prestaciones. Para ello, se ha contado con el Programa de Acogida y con los CEAS, realizando a veces las llamadas telefónicas por la falta de saldo de las personas que han acudido a solicitar ayudas o información.

-Problemas burocráticos: a la brecha digital antes mencionada se ha sumado la falta de atención presencial en la Administración y la imposibilidad de obtener el certificado digital por la ausencia de atención al público de organismos que acrediten la identidad. Especialmente preocupante ha sido la imposibilidad de solicitar protección internacional y de acceder a las ayudas correspondientes: personas que tienen intención de solicitarla pero que, con el estado de alarma, no llegaron a hacerlo y tampoco han podido entrar en el sistema de ayudas. Estos se encuentran, en muchas ocasiones, acogidos en casa de un familiar, amigo o paisano, sin ingresos, sin poder aportar nada a los gastos de la casa y manutención… lo que, unido a la situación general de confinamiento y nerviosismo, genera conflictos.

En estas dificultades burocráticas se han visto inmersos las autorizaciones de residencia y trabajo de los solicitantes de asilo que sí se han prorrogado, pero los posibles empleadores recelan al ver la fecha de caducidad en el documento. También han sido complicadas las gestiones de cara a la prestación para el empleo en el hogar: sector donde hay muchas mujeres migrantes y mucha economía sumergida. La prestación, aun siendo la primera en ser regulada, se ha hecho esperar y deja sin protección a las trabajadoras que no están dadas de alta en seguridad social.

Desde el Servicio de Asesoría Jurídica hemos intentado paliar y buscar soluciones ante la incertidumbre, inseguridad y preocupación con los trámites en general y con los de extranjería en particular en muchas ocasiones relacionados con un aspecto tan trascendental como conseguir o mantener o no la situación de regularidad. Ejemplos: riesgo de perder las autorizaciones de residencia concedidos por arraigo, por la dificultad para que el empleador dé de alta al empleado, por la situación económica generada o por la falta de atención presencial. Inseguridad a la hora de cumplir con los requisitos de cotización para renovar permisos de residencia. El 20 de mayo, recibimos una noticia importante con la aprobación de la prórroga de autorizaciones, lo que ha dado algo de tranquilidad a las personas pendientes de renovaciones.

Cáritas Burgos ha realizado tanto una labor de acompañamiento y apoyo en estos momentos difíciles, como de información, orientación y asesoramiento, así como de búsqueda de soluciones a nuevos problemas derivados del estado de alarma. Un claro ejemplo de adaptación a la situación actual está siendo la apuesta por la digitalización y la tramitación telemática de expedientes de extranjería, nacionalidad y, en general, con todas las administraciones.

Si comparamos la atención en 2019 y la de abril de 2020, sube el porcentaje de las personas extranjeras atendidas del 51% al 59%. En cuanto a personas en situación irregular: si en 2019 suponían el 15% en abril de 2020 han sido el 23%. Si sumamos las personas con permiso de turista, se puede decir que la cuarta parte de la atención realizada en Cáritas en abril de 2020 ha sido con personas extranjeras en situación irregular.

Desde Cáritas Burgos nos solidarizamos con las personas migrantes que, si muchas veces viven en una situación difícil, lo están ahora especialmente. En Cáritas siempre encontrarán una puerta abierta para lo que precisen.

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