La acogida arciprestal del Vena, en Burgos, es un ejemplo cualquiera de una de las acogidas arciprestales en las que se organiza Cáritas Diocesana. En este caso, llega a 14 parroquias y atiende anualmente a unas 740 familias, a las que, en circunstancias normales, acompañan y atienden con la colaboración de un centenar de voluntarios. Aunque la crisis del coronavirus nos afecta a todos, esas familias a las que se estaba apoyando desde las parroquias se ven aún más perjudicadas debido a la situación precaria que ya atravesaban.

¿Cuál son esas situaciones? Algunas de ellas se dedicaban a trabajar en pequeñas labores, a demanda y sin ningún tipo de contrato, como por ejemplo la limpieza de vivienda, el cuidado de personas mayores o de niños, la hostelería o la construcción, la venta informal ambulante o de chatarra… Ahora carecen de protección social o prestaciones, y por lo tanto sus ingresos han mermado tanto que no saben cómo podrán cubrir sus necesidades básicas durante este periodo. También hay familias recién llegadas de sus países de origen, que se encuentran, si cabe, más aisladas que el resto. Todavía no conocen los recursos de su ciudad, ni tienen creada una red social de apoyo con familiares o amigos, lo que al menos les habría ayudado a hablar, a tranquilizarse y a compartir sus experiencias.

Tenemos personas que viven solas y reciben algún tipo de tratamiento, y a las que el confinamiento se les vuelve más duro que al resto. Nos llaman por teléfono, no por necesidades materiales, sino por necesidad de comunicarse y saber que hay alguien al otro lado del teléfono que escucha, que se interesa y a quien le importa su situación. Intentamos mantener estas conversaciones. Además, hay voluntarios que estaban haciendo su acompañamiento que ahora les telefonean, para poderlos ayudar y apoyar en lo que necesiten.

Estamos seguros de que los miedos a los que nosotros nos enfrentamos son más fáciles de afrontar con la cercanía de la familia y de nuestros amigos. Constamos que las personas que no cuentan con este apoyo social que nosotros procuramos paliar están viviendo una situación de confinamiento total que les está arrastrando a desarrollar un miedo más profundo y difícil de superar. Su estado de ansiedad es bastante más elevado que el del resto y no disponen de suficientes herramientas para afrontarlo.

Desde acogida estamos también muy pendientes de nuestros voluntarios, tan importantes en el quehacer diario. Muchos de ellos pertenecen a ese grupo de riesgo por ser de una edad avanzada o por tener patologías previas. Son muchos los que, a pesar de ello, muestran su interés por colaborar y se ofrecen a hacer lo que sea en la medida de lo posible, como antes hemos dicho. Siguen siendo el motor de Cáritas y los que nos insuflan ese aliento de ánimo. Con ellos procuramos mantener comunicación fluida para informarles de cómo estamos apoyando a las familias, de la marcha de Cáritas, así como para transmitirles nuestro ánimo y apoyo y que vean que no están solos y que les echamos mucho en falta.

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