Para quien vive en la calle cumplir el confinamiento es un problema añadido. Una ciudad cerrada supone para las personas en situación de calle no tener ningún sitio donde darse una ducha, tomar una comida caliente, hablar con alguien, regular su medicación, etc.

Antes de que se decretase el estado de alarma, las once Cáritas diocesanas de la región (Astorga, Ávila, Burgos, Ciudad Rodrigo, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora) habían atendido a 1.733 personas sin hogar desde enero. Personas transeúntes, personas sin domicilio que pernoctaban algunas noches en centros, albergues, viviendas o pensiones, a las que se sumaban, en menor medida, aquellas que permanecían temporadas más largas, de semanas e incluso meses, en pisos tutelados u otros. Las restricciones a la libre circulación iniciadas el 15 de marzo, por lo tanto, han tenido un efecto inmediato en el planteamiento de los distintos programas que atienden a las personas sin hogar.

Desde el comienzo del Estado de Alarma, Cáritas ha tenido que habilitar espacios para que sus usuarios pudieran confinarse durante todo el día, y no solo pasar la noche a cubierto. En algunos casos, como Valladolid, Palencia y Burgos, eso ha supuesto trasladar a los residentes a espacios más amplios –los respectivos seminarios diocesanos-, y en otros con aplicación de plazas de comedores, con mejores condiciones de seguridad para el mantenimiento de las distancias y el aislamiento en caso de contagio. A pesar de que la prohibición de los desplazamientos ha reducido significativamente el número de nuevos atendidos, desde el inicio de la crisis, Cáritas ha acogido en toda Castilla y León a 433 personas sin hogar.

Esta adaptación a las nuevas circunstancias también ha afectado a las actividades cotidianas, enfocadas habitualmente a la realización de talleres ocupacionales, orientación para el empleo o desarrollo de habilidades sociales. Con un confinamiento de 24 horas diarias, cada Cáritas diocesana ha desarrollado sus propias alternativas. Se han propuesto un mayor número de actividades con las que ocupar el tiempo: deporte, charlas, proyecciones de cine o series, juegos de mesa, o aprendizaje musical. El trabajo intensivo ha sido clave para poder comprobar palpablemente las mejorías en la salud de las personas atendidas. La desescalada trae el reto de no detener los procesos de salida de la calle de no pocas personas con alternativas dignificadoras (pisos tutelados, residencias terapéuticas y de mayores, regreso a hogares familiares…)

El perfil de los atendidos en los programas de personas sin hogar también ha supuesto un reto añadido. Es muy significativo el número de personas con problemas previos de salud mental, adicciones o patologías importantes, lo que ha exigido un mayor esfuerzo de coordinación con los servicios sanitarios para la administración de medicamentos, el acompañamiento personalizado y el apoyo psicológico. Y con un esfuerzo de mayor presencia en los recursos de acogida, centros de baja exigencia o de higiene y residenciales para sobrellevar mejor el #quedateencasa. En las viviendas tuteladas de Cáritas, como las viviendas de transición desde el sinhogarismo, familias vulnerables, mujeres embarazadas sin recursos o presos en permiso penitenciario, la atención se ha centrado en el seguimiento telefónico y la cobertura de necesidades básicas. En total, más de 15000 intervenciones realizadas desde el comienzo del Estado de Alarma. La epidemia y la orden de confinamiento ha puesto una vez más de relieve la dura situación que viven las personas sin hogar; los problemas relacionados con la vivienda, incluso por encima de la falta de empleo, son los que provocan un impacto más duradero en las personas en riesgo de exclusión, tal y como alertaba el Informe sobre desarrollo social en Castilla y León publicado en 2019 por la Fundación FOESSA. A nivel nacional, esta misma institución calcula que más de 3 millones de personas residen en viviendas inseguras o inadecuadas, y más de 40.000 carecen de ella. Desde Cáritas en Castilla y León se constata que el COVID-19 ha agrandado otra vez la brecha entre quienes tienen un hogar y quienes carecen de él. Cáritas tiene como misión fundamental la acogida y el acompañamiento de las personas. Cuando Jesús pronuncia las palabras «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28), se refiere precisamente a la gente sencilla, pobre, marginada,… personas con rostro, con nombre y apellidos sobre los que ha caído “el peso de la ley del sistema social opresivo” como dice el Papa Francisco, personas que ven vulnerados sus derechos, que sufren, que tienen que vivir en la calle, inseguros, sin poder acceder a una vivienda, sin hogar. Queremos mirar a esta realidad de frente, sacarla de la invisibilidad y recordar que estamos hablando de personas concretas, con nombres, apellidos y rostro.

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